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We are the mockers

by carlospuertov, 14 Marzo, 2016

A Hard Day’s Night (1964), el reconocido filme sobre los Beatles del director Richard Lester, ostenta una combinación de comedia, musical y falso documental (mockumentary para los angloparlantes), mientras muestra un día en la vida del mítico cuarteto. En uno de sus sketches, una periodista se acerca a Ringo para preguntarle si es un mod o un rocker, haciendo alusión al enfrentamiento entre estas dos subculturas de rebeldes adolescentes británicos, a lo que la estrella contesta en broma: “bueno… soy un mocker”.

El vocablo inglés mock, más allá del juego de palabras del baterista, hace alusión generalmente a la parodia, a la imitación, y se aplica a una serie de términos que implican el concepto de simulación, de aparentar lo que no se es[1]. Uno de esos fenómenos al que se puede aplicar este concepto de simulación es, sin más rodeos, al de las bandas tributo, verdaderos mockers que, actualmente, proliferan en la Argentina. Este fenómeno es, cuando menos, interesante, a tal punto que ha dado, incluso, para hacer películas tanto de ficción como documental[2]. En el país existe un buen puñado de ejemplos que se destaca por la calidad de sus interpretaciones, tanto en lo sonoro como en la puesta en escena; calidad que se juzga, desde luego, no en la originalidad de su trabajo, sino, todo lo contrario, en su fidelidad al sonido y performance de los artistas homenajeados. Grupos como The Beatles o estrellas como Elvis Presley son, entonces, mimetizados y encarnados por talentosos intérpretes argentinos.

Una de estas bandas formadas en la capital porteña es The Rollbeats, cuyo nombre ya permite adivinar que se trata de un tributo al mítico cuarteto de Liverpool. Fernando Díaz, el bajista, y Rodrigo Castaño, guitarrista y tecladista, hacen las veces (y las voces) de McCartney y Lennon, respectivamente; Leandro Escandarini, en la guitarra, y Leonel Ditarcio, en la batería, completan el grupo, participando en los coros y apareciendo como voces principales cuando interpretan temas, ya no de los Beatles, sino de Led Zepellin, Franz Ferdinand o The Doors, entre otros. El talento de The RollBeats ya les llevó a tocar en lugares emblemáticos de la historia de los Beatles, como The Cavern, The Adelphi Hotel y The Hulme Hall en Inglaterra, y en Argentina han tocado en cientos de lugares, tanto en el interior como en la capital.

La banda, ganadora en 2011 de la 11 Semana Beatle latinoamericana, simula con gran destreza al cuarteto inglés, tanto en las ejecuciones vocales como instrumentales. A diferencia de bandas como The Beats, quizá la banda tributo a los Beatles más reconocida en Argentina por su fidelidad sonora y física, la simulación visual pasa a un segundo plano, sugerida tan sólo por la disposición en escena de sus integrantes y la sobria vestimenta que recuerda las primeras etapas del legendario grupo durante la primera mitad de la década de 1960.

El espacio del Conventillo Cultural del Abasto le abrió sus puertas a The Rollbeats el pasado sábado 05 de julio, para rendir homenaje no sólo a los Beatles sino a bandas como AC/DC, Scorpions, Queen, Led Zepellin y Guns’n Roses en un show de aproximadamente dos horas. Destacaron, además del excelente acoplamiento de la banda y su semejanza al sonido del grupo original, el trabajo vocal de sus integrantes, especialmente el de Díaz, y el virtuosismo de Escandarini en la guitarra. Si bien es cierto que tienen una gran calidad interpretativa tocando piezas como Rock and Roll de Led Zepellin o Don’t Stop Me Now de Queen, es destacable el especial cuidado y fidelidad con que ponen en escena temas como Revolution, Helter Skelter o While My Guitar Gentil Weeps, canciones que encumbraron a The Beatles en lo más alto de la historia del rock, combinando calidad creativa con un éxito comercial incomparable.

Las bandas tributo son quizá más artesanos que artistas, puesto que hacen gala de un talento interpretativo aún no contagiado de inquietudes creativas o impulsado por el deseo de generar una producción auténtica. Los mismos Beatles comenzaron siendo hábiles artesanos que elaboraban con destreza covers de canciones originalmente interpretadas por Little Richard, Chuck Berry, Buddy Holly o Elvis Presley, antes de revolucionar el mundo musical con trabajos de experimentación y búsqueda autoral en álbumes como Revolver (1966) o Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967). A su manera, y para darle la razón a Ringo, los cuatro de Liverpool comenzaron siendo los mockers de las bandas y figuras de la música popular americana de las década de 1950 y 1960, como lo afirma el experto teórico e historiador de la música popular John Covach, haciendo réplicas casi exactas de temas provenientes del Rock & Roll, el Rythm & Bluez y la música Country.

[1] Como en el caso de la ya mencionada palabra mockumentary, acrónimo de mock y documentary, es decir, una parodia o simulación del género documental.

[2] Para la muestra, está la película El Último Elvis (2012) dirigida por Armando Bo y el documental Mundo Tributo (2010) de Adrián Fares y Leo Rosales.

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