Loading...

Mobile Menu

flusser

Escapar del abismo

by carlospuertov, 12 Marzo, 2016

“… estos movimientos holistas, trascendentalistas prometen una salida de la historia, una forma de participar en el truco divino… esta velocidad de escape es una fantasía letal”.

Donna Haraway[1]

 

El hombre ha entrado en la emergencia de la “posthistoria”, de un mundo cerodimensional (el mundo de los bits), aún imposible de formular, afirma Flusser. En este mundo no sucede nada más, todo se convierte en espectáculo eternamente repetible. Se trata, como su nombre lo indica, del fin de la historia, de la desintegración espontánea de los hilos que constituían el pensamiento, las teorías, los conceptos, la lógica. Bajo esos hilos se descubre el abismo de la nada y el hombre se ve obligado a dar un salto a un nuevo nivel apoyado en la tecnología. Es así que por causa del vacío existencial causado por este desmoronamiento, emerge el universo de las imágenes técnicas, la concreción de lo abstracto, la superficie construida a partir de puntos, una respuesta a la nada.

Ésta y otras provocadoras visiones sobre el futuro tecnológico hacen parte del libro El universo de las imágenes técnicas: elogio de la superficialidad, recientemente editado en Argentina por Caja Negra. La obra, publicada originalmente en alemán en 1985, es la segunda parte de una trilogía que mezcla filosofía y técnica, comenzando con Hacia una filosofía de la fotografía y terminando con La escritura. El libro está compuesto por capítulos con títulos en infinitivo (“Abstraer”, “Concretizar”, “Tocar”, “Imaginar”, “Señalar”, “Circular”, “Dispersar”, “Programar”, “Dialogar”, “Jugar”, “Crear”, “Preparar”, “Decidir”, “Dominar” y “Encoger”), “con el objetivo de expresar el carácter tendencial y futurizante de las reflexiones que vehiculan”. El último capítulo, sin embargo, lleva en el título un sustantivo: “Música de Cámara”; ello, según Flusser, “para expresar la esperanza de que las reflexiones alcancen algo sustancial, a fin de cuentas”.

En el libro se encuentra una gran variedad de términos habituales en la historia de la filosofía y el arte examinados a la luz de las nuevas imágenes tecnológicas y las teorías de la información: el genio creador se convierte en el artista del “diálogo”, una suerte de pasaje intertextual que crea a partir de la combinación de fragmentos, no obstante, construyendo informaciones nuevas e inéditas. El mito del “yo”, alejado de conceptos como “alma” o “espíritu”, no es otra cosa que un nudo (o, quizá, se debería actualizar este término a “nodo”, mucho más habitual entre los usuarios de software de edición de imágenes sintéticas), un punto de tránsito entre informaciones sobre una estructura cerebral genéticamente programada y, por lo tanto, en alguna medida, determinada. La libertad, lejos de provenir de una deliberación absolutamente individual y libre de determinaciones, es la posibilidad única e insustituible que tiene el hombre de emitir información nueva contra la estúpida entropía exterior, posibilidad que se realiza con otros.

02_PRINT_Flusser

La entropía, esa tendencia del universo a desinformarse, ese desorden molecular que, como sugiere la Segunda Ley de la Termodinámica, llevaría al universo a la muerte térmica y que, por otra parte, es la tendencia al caos, según la teoría cibernética de Norbert Wiener, aparece como el enemigo recurrente de la nueva sociedad. El llamado es a oponer a esta entropía informaciones nuevas, crear en un diálogo productivo con las máquinas, establecer una comunidad donde todos seamos artistas y, a la vez, programadores, una sociedad que retome el control de sus aparatos. ¿Se tratará, acaso, de una anticipación de la actual comunidad de programadores-usuarios del software de código abierto, una iniciativa que permite crear, usar, mejorar y distribuir con total libertad una serie de herramientas informáticas?

Flusser vislumbra dos tendencias con relación a las imágenes técnicas: una utopía negativa y totalitaria, centralmente programada, que comprende una sociedad de funcionarios y receptores de imágenes; y una utopía positiva, una sociedad telemática dialogante y descentrada de creadores y coleccionistas de imágenes, en la cual los nudos de la sociedad se transforman en lugares de producción de lo imprevisible, una sociedad que emula el funcionamiento del cerebro humano dirigida por un engranaje de pensamientos, deseos y vivencias dispersos. ¿Acaso esta dispersión, esta inteligencia descentrada, no era ya una predicción del actual uso de Internet?

Si bien se encuentran algunas profecías cumplidas, en parte porque Flusser (como afirma en el último capítulo) ha mirado en la dirección en la que apuntaba su propio presente, hay otras tantas que, aunque lejos de realizarse, no dejan de ser perturbadoras. Uno de los pronósticos más inquietantes de la obra es el del capítulo 15 (“Encoger”), con relación al desprecio que nuestros “nietos” tendrán por su propia corporeidad: se describe a la nueva sociedad como un hormiguero compuesto por hormigas con cuerpos atrofiados que no trabajan sino que sueñan, “porque ellas son cerebros ligados entre sí que forman un supercerebro que segrega sueños y porque a esos cerebros se adhieren cuerpos mamíferos atrofiados como apéndices excedentes”. Sin duda, una escena que evoca una serie de distopías futuristas posteriores de humanos aparato-dependientes, tal cual aparece en películas como Matrix de los hermanos Wachowski, Avalon de Mamoru Oshi, El cortador de césped de Brett Leonard o WALL-E de Disney y Pixar.

Este desprecio del cuerpo se encuentra con la posthistoria de Flusser en el abandono del mundo objetivo, un mundo en el que los hilos de la libertad se tejen en la superficie que sobrevuela a la nada. Se trata de una frágil libertad construida a partir de los bits, de lo cerodimensional, una forma de escapar de la realidad del presente. El epígrafe que da inicio a esta reseña, y que propone un postura crítica frente a ciertas ideologías que adoptan una apropiación escapista, escatológica y radicalmente liberadora de la tecnología y la cibercultura, no pretende demeritar el estimulante trabajo de Flusser que explora interesantes aspectos de la nueva sociedad informatizada y cuya prosa (aun traducida a múltiples idiomas) evoca con facilidad imágenes en la mente del lector. Más bien, sugiere una lectura cautelosa y atemperada de la obra, una aproximación crítica a esa superficialidad que el autor elogia, por momentos, de manera desmedida. Flusser se pone en el bando de los que cambian el vértigo de la caída por el vértigo de la aventura, de los que se sumergen subjetivamente con la nueva superficie de las imágenes técnicas, en vez de los que toman una actitud distanciada, objetiva, irónica y, al fin y al cabo, tediosa. El autor, con total lucidez, al final de su capítulo 12 (“Preparar”), afirma elogiar con su ensayo a los que están equivocados.

 

[1] Constance Penley, Andrew Ross y Donna Haraway: “Cyborgs en general: entrevista con Donna Haraway”, en Social Text, N. 25-26 (1990), p. 20. Duke University Press.

No Comments


Leave a Reply

Your email address will not be published Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

*

Comentarios recientes

    Archivo

    Categorías

    Páginas

    Archivo

    Subscribe to Blog via Email

    Enter your email address to subscribe to this blog and receive notifications of new posts by email.